Guerra. Historias de Ucrania

Los ucranianos cuentan cómo viven durante la guerra

«Mi enfermedad ya es una guerra», Iryna, 25 años, región de Sumy

por | 22 marzo 2022 | Sumy Region

 Illustrated by Yelyzaveta Berestova

«Escucho disparos. Rápidamente salgo, es solo un corto tramo hasta el sótano donde nos escondemos. Durante estos pocos pasos hacia el refugio en mis pies aparecen edemas. Cuando los piso, la piel se rasga y duele terriblemente», dice Iryna.

 Las personas como Ira se llaman «mariposas». Su piel puede dañarse fácilmente hasta con un toque descuidado. Como resultado, aparecen ampollas en el cuerpo, que se descascaran y abren heridas, superficiales  o profundas. La «epidermólisis ampollosa» ya es una guerra, comenta Iryna. Ya lleva 25 años luchando contra esta rara enfermedad incurable, es decir, toda su vida. Ahora ella sostiene una guerra en medio de otra guerra.

Desde el primer día de la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania, el equipo militar ruso ha estado moviéndose continuamente a través del pueblo donde viven Iryna y su familia, en la región de Sumy.

«Desde la ventana veo Buks, Grads, SAU, tanques, vehículos blindados. El suelo tiembla bajo los pies cuando pasan. Parece que no podrás mantenerte en pie. Los primeros días lloré tanto que mis ojos se inflamaron. No pude abrirlos durante tres días. Bebía constantemente analgésicos. Ahora queda el último bote de gotas, ya no puedo seguir llorando», dice Iryna.

Al principio, los vehículos rusos simplemente pasaban por el pueblo, más tarde comenzó el bombardeo. Ahora hay un puesto de control ruso en el pueblo.

«Ahora tienes miedo de cualquier susurro y también del silencio. El ejército ruso está moviéndose por aquí. A unos vecinos dispararon contra las ventanas, a otros les hicieron volar el granero. Dispararon contra los transformadores, cañerías de gas…  Gracias a Dios no vinieron a nuestra casa, mi madre habría tenido un ataque al corazón – dice Iryna. – En un pueblo cercano, a un lugareño que quiso detener un tanque con sus propias manos lo acribillaron. Es muy difícil salir de aquí».

La vida de Iryna depende de vendajes especiales, ungüentos y nutrición médica. Las heridas en la espalda, los brazos y las piernas deben tratarse todos los días. No era fácil conseguir medicamentos en tiempos de paz, ahora es casi imposible.

«Tratamos de ahorrar ungüentos, pero luego los vendajes se pegan a las heridas. Todo duele, pica y tarda más tiempo en sanarse. Estoy recibiendo ayuda humanitaria a través de nuestro fondo para pacientes huérfanos, pero la oficina de correos más cercana está a 50 km del pueblo. ¿Quién irá por el paquete?».

Las redes eléctricas estuvieron dañadas, por eso la electricidad es intermitente y el voltaje está saltando. La casa está fría. Se tarda cerca de dos horas en vendar las heridas. Antes durante este tiempo se encendían los calentadores, ahora ni siquiera se puede encender la lámpara de cuarzo necesaria durante el vendaje; es peligroso, todo puede incendiarse.

«Tengo muchas ganas de irme. Pero para mí, el viaje en autobús y tren es imposible, miles y miles de personas se agolpan allí. Viajar entre tanta multitud es la muerte, me quedaré sin piel. Y, desgraciadamente, no tenemos coche propio. Incluso salir del pueblo a Konotop, desde donde se puede evacuar, es un problema y un gran riesgo. Así que nos quedamos aquí, esperando la victoria. Por supuesto, da miedo, pero resisto», dice Iryna.

En vísperas de la invasión, comenzó a pintar un cuadro. Dibujar es su hobby. En la pintura pueden verse las montañas y un cielo claro y azul.

«Es tan simbólico. Estamos en primavera y quiero disfrutarla, escuchar el canto de los pájaros. Pero en cambio escucho los bombardeos, – dice Iryna. – A finales de febrero, para el «Día de los Pacientes Huérfanos», se iba a llevar a cabo una subasta online con mis obras. Tenía planeado recaudar dinero para un viaje a Truskavets. Allí me siento mucho mejor, nada me duele por dentro ni por fuera. Pero ahora estos planes han quedado en el pasado. Hoy por hoy pienso: todavía tengo las fotos de mis pinturas, y tan pronto como se calme  la situación, las venderé y entregaré el dinero al ejército. Son los que nos están protegiendo».

Traducción: Alejandra Wasylyk

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